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La importancia del cobre para combatir el cambio climático

Por Iván Arriagada, CEO de Antofagasta Plc y Premio Ankh 2022.

Llevo más de 20 años trabajando en las industrias del cobre y la minería. Me ha dado la oportunidad de servir a mi país, el primer productor de cobre en el mundo, de aprender mucho sobre las organizaciones, la política, el comercio y, por sobre todo, las personas y los equipos.

En un momento en el que, al hablar de la minería, a menudo entran en juego dos narrativas distintas y polarizadoras, una heroica y otra llena de prejuicios y desinformación, creo que, si así lo decidimos, las empresas pueden ser una fuerza sin parangón para el cambio positivo en la sociedad, el medio ambiente y la realización personal de las personas.

Mientras el mundo aún vive las secuelas de la pandemia, tenemos una guerra en Ucrania que amenaza la democracia europea, las economías y los civiles. La inflación ha vuelto con fuerza mientras los gobiernos y los bancos centrales intentan gestionar sus economías y el impacto en los bolsillos de los ciudadanos. Y, por supuesto, el planeta se enfrenta al desafío más grande de su historia: el cambio climático.

En este contexto, en lo que respecta a los metales y la minería, una cosa parece estar clara: se espera que los metales críticos, y entre ellos especialmente el cobre, tengan cada vez más demanda y sean fundamentales en la transición a una economía con bajas emisiones de carbono.

El cobre tiene un papel fundamental a la hora de ayudar a los países, las ciudades y las empresas a descarbonizarse. Y, como industria, tenemos la enorme responsabilidad -y la oportunidad- de proporcionar los materiales para la transición verde que nuestras sociedades están demandando.

Si no somos capaces de aumentar la producción de cobre en los próximos años, no será posible la masificación de tecnologías como los vehículos eléctricos o la producción de energía limpia, tecnologías clave en la lucha de la humanidad por detener el cambio climático.

Pero también debemos integrar nuevas perspectivas y nuevos enfoques a estos retos que afrontamos, con una visión a largo plazo y pensando en el bien común de las sociedades. Por ejemplo, tenemos que integrar a más mujeres en todos los niveles de toma de decisiones en la minería. A medida que avancemos en la incorporación de más mujeres, podremos encontrar mejores soluciones a los retos que afrontamos.

En Antofagasta, hemos duplicado el número de mujeres en los últimos tres años. Nuestra meta es que, para el 2025, el 30% de las personas que trabajan en Antofagasta Minerals sean mujeres, más del doble del promedio de la industria minera chilena.

De la mano de esto, debemos seguir atrayendo a profesionales jóvenes y diversos que, en un principio, podrían no sentirse atraídos por la minería. Son profesionales que pueden aportar nuevas perspectivas e ideas a nuestra industria.
Si queremos responder realmente a esta creciente demanda, debemos acelerar la exploración, los estudios y las inversiones en nuevos proyectos de extracción de cobre en todo el mundo.

Esto requerirá innovación, y la adopción y desarrollo de nuevas tecnologías, para que podamos responder a la creciente demanda de cobre. La transformación digital en la minería está plenamente en marcha, con la integración de las tecnologías digitales en todas las áreas de nuestro negocio con el potencial de operar de forma más segura y eficiente, de explotar yacimientos antes no rentables y de proporcionar un lugar de trabajo inclusivo para la diversidad de talentos.

Y, no menos importante que el propio cobre, es cómo lo producimos. Es de suma importancia que descarbonicemos nuestras propias operaciones. Todos tenemos la responsabilidad de ganarnos la confianza de la sociedad en que podemos producir cobre de forma responsable y sostenible, con nuevos compromisos e inversiones.

En Antofagasta, nos hemos fijado dos nuevos objetivos de reducción de emisiones: una meta actualizada para 2025 y una meta de carbono neutral para 2050, que está en línea con la propia meta nacional de Chile. Hemos realizado importantes avances en este sentido y, en la actualidad, todas nuestras operaciones mineras funcionan con energía procedente exclusivamente de fuentes renovables.

Es imperativo que no sólo comuniquemos al mundo cómo producimos el cobre, sino la importancia de este metal para la vida cotidiana de las personas. Hoy en día nuestra industria es aceptada por su contribución económica, su inversión y su empleo. Pero todavía tenemos que construir una nueva legitimidad para la industria, en la que el papel clave de la minería del cobre se vea como uno que está proporcionando soluciones reales para el cambio climático.

La comunicación y la participación ayudan a construir relaciones de confianza, pero no siempre es fácil o sencillo y sabemos que hay muchos puntos de vista diferentes, pero debemos trabajar juntos con todas nuestras diferentes partes interesadas para garantizar que la producción de cobre sea realmente un esfuerzo colectivo, y que pueda beneficiar a todos.