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Daniel Martínez, de Copper3D: “Podemos hackear esta pandemia con nanotecnología, impresión 3D, manufactura distribuida y colaboración”

La escasez mundial de mascarillas N°95 generada por la pandemia del COVID-19, le movió el piso a Copper3D. El mundo de la impresión 3D era lo suyo y sintieron que desde su rubro podían ser un aporte para evitar que la pandemia se siguiera propagando. Así nació NanoHack, una mascarilla impresa en 3D, antimicrobial, reutilizable, modular, lavable, reciclable y diseñada completamente en entorno digital, cuyo diseño ya ha sido descargado más de 17 millones de veces y se está imprimiendo en al menos 50 países. Todo un hito en la industria de impresión 3D.

Vertiginosa. Así es la trayectoria de Copper3D, una startup chileno-norteamericana que hace un poco más de dos años irrumpió en el mercado internacional de impresión 3D y, sin duda también en su historia, con una propuesta única: hackear los materiales de impresión 3D para otorgarles propiedades antimicrobiales. Esto lo lograron utilizando aditivos en base a nano-cobre y otros elementos carrier y estabilizadores que, combinados en distintas concentraciones, dieron vida a una nueva gama de productos que, de acuerdo a los testeos de laboratorios en Chile, USA, Inglaterra y Dubai, son de alta efectividad antimicrobiana y máxima calidad.

Así partió su historia y lo que sigue no es menos sorprendente. Entre mediados del 2018 y principios de 2019, el equipo de Copper3D, conformado Andrés Acuña (CEO), Daniel Martínez (Director de Innovación) y el Dr. Claudio Soto (Director Médico), logró constituirse en USA y levantar dos fondos de NASA para estudiar las capacidades antimicrobianas de sus materiales en la Estación Espacial Internacional (ISS). Además, durante 2019 organizaron en conjunto con NASA una plataforma de innovación abierta para que estudiantes de colegios en todo el mundo pudieran aportar diseños y soluciones que utilizaran sus materiales antimicrobianos para desafíos que viven los astronautas en la ISS y en misiones espaciales de larga duración, plataforma que bautizaron como “Antimicrobial Space Challenge”.

A fines de 2019 se asociaron con otra empresa chilena para producir juguetes antimicrobianos impresos en 3D para niños en aislamiento clínico debido a enfermedades complejas, como cáncer o trasplante de médula ósea. El broche de oro para cerrar su segundo año de vida fue el premio “Company of the year”, que le entregaron en el evento de impresión 3D más importante de India, el 3D Printing World.

En Febrero de este año, la compañía develó otro de sus proyectos secretos en el que había estado trabajando por más de un año con equipos de científicos de Estados Unidos y Chile. Se trata de un inactivador de virus VIH, que se usa como un interfaz entre madre e hijo para bloquear la transmisión de virus vía lactancia materna. “Como compañía buscamos grandes desafíos por resolver y analizamos qué mix entre tecnología y diseño nos puede llevar a una solución efectiva y novedosa a este problema. Nosotros tenemos un gran aliado a nuestro lado que es la impresión 3D antimicrobial, con esta tecnología y diseños inteligentes se pueden resolver muchos problemas de maneras novedosas y efectivas”, explica Daniel Martínez.

Los estudios que han realizado demuestran que la efectividad de sus materiales nanocomposites (nanocobre + polímeros) aumenta exponencialmente cuando los diseños incorporan estructuras que aumentan la superficie de contacto entre estos materiales que y un fluido contaminado. “Con estos antecedentes sobre la mesa levantamos un marco teórico robusto, y nos ponemos a generar ideas y prototipos que finalmente llevamos al laboratorio para validar”, explica Martínez.

Fue justamente eso lo que hicieron cuando se vieron enfrentados a la pandemia del COVID-19. La escasez mundial que había de mascarillas N°95, debido al incremento exponencial en su demanda y a la caía de las cadenas de distribución, los llevó a trabajar rápidamente en el desarrollo de una patente para una mascarilla similar, pero con algunas particularidades, que fuera antimicrobial, reutilizable, modular, lavable, reciclable y diseñada completamente en entorno digital, con la finalidad de que se pudiera descargar a imprimir en 3D en cualquier parte del mundo. A continuación, se enfrentaron a otro gran desafío, la logística, ya que había una caída en todas las cadenas de distribución a nivel mundial. Junto con ello, había que tomar en cuenta que la impresión 3D toma su tiempo, unas tres horas por mascarilla, lo que los obligó a pensar de manera colaborativa, basándose en el concepto de manufactura distribuida para poder llegar a la mayor cantidad de personas con acceso a impresoras en poco tiempo. “Ahí fue cuando decidimos que debíamos coordinar una red internacional de startups, makers, universidades y compañías partner que nos ayudaran a imprimir esta mascarilla, de manera de amplificar el acceso a este diseño y hacer que realmente tuviera un impacto global. Y eso fue exactamente lo que hicimos, hackear esta pandemia con nanotecnología, impresión 3D, manufactura distribuida y colaboración de muchas organizaciones y personas en todo el mundo”, relata Daniel.

 

Y el resto de la historia es de película. Su diseño ha sido descargado más de 17 millones de veces desde principios de marzo y se está imprimiendo en al menos 50 países en modalidad de manufactura distribuida, caso inédito en la industria de impresión 3D. Así nació el proyecto #HackThePandemic, al que se han sumado muchas empresas y organizaciones de todo el mundo. “Creemos que la innovación es una herramienta muy poderosa para enfrentar grandes desafíos y problemas de impacto global en salud. También entendemos nuestras limitaciones y sabemos que hay muchos problemas en los que necesitamos trabajar como ecosistema para resolverlos. A través de nuestra tecnología de materiales activos/antimicrobianos y el diseño de aplicaciones inteligentes podemos desarrollar muchas ideas potentes para enfrentar desafíos como la pandemia del SARS-Cov-2. Es una gran responsabilidad que tenemos en nuestras manos, lo sabemos y por ello estamos trabajando arduamente para seguir validando científicamente cada uno de estos nuevos desarrollos, que esperamos sean una verdadera contribución para el mundo”, concluye Martínez.