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Consejo Estratégico de la Corporación Alta Ley: el (re)despertar del gran articulador público-privado de la minería

Por Fernando Lucchini, Presidente Ejecutivo Corporación Alta Ley.

Durante la mañana del miércoles 24 de agosto, en pleno mes de la minería, volvió a tomar lugar de manera presencial un evento de alta importancia para nuestra industria, el Consejo Estratégico de la Corporación Alta Ley. A éste asistió aproximadamente un centenar de personas de decenas de instituciones de nuestro sector: compañías mineras, proveedores, instituciones de gobierno, academia e I+D, entre otros; marcando un hito categórico en el renacer de este tipo de instancias de coordinación estratégica del ecosistema de innovación – publico-privado – de la industria más importante de nuestro país.

En el evento, agradecimos a autoridades, ejecutivos, académicos y representantes institucionales que asistieron a la sesión. Esto, no sólo por educación o protocolo, sino porque su participación es realmente relevante para el desarrollo sustentable, presente y futuro, de nuestro país. Y es que así mismo nos lo indican los modelos de desarrollo de ecosistemas de innovación y de economías del mañana, como, por ejemplo, el “MIT’s Stakeholder Framework for Building & Accelerating Innovation Ecosystems” de Budden y Murray. Todos deben ser parte de estos esfuerzos, las compañías, sus proveedores y los innovadores del ecosistema, la academia y quienes avanzan la frontera de lo posible con la investigación y desarrollo, los fondos de capital de riesgo, y, sin duda alguna, el gobierno con su arreglo institucional correspondiente. Sin la participación activa de – todos – ellos, tenemos un ecosistema de innovación carente.

Desde hace más de un año que planeábamos este gran taller presencial dentro de la Corporación Alta Ley. Esto, pues mirábamos con esperanza y determinación la oportunidad que representaba esta instancia como un (re)despertar del gran coordinador público-privado de la minería nacional. Y digo “(re)despertar” pues, quizás, con más o menos notoriedad, algunos actores habrán podido percibir a Alta Ley en una suerte de rol de coordinación discreto, sin mucha rimbombancia ni promoción… empujando desde atrás para poder avanzar en su misión. Y sin temor a equivocarme, puedo afirmar que los últimos años han sido tiempos complejos para todos. Aquí, la Corporación no fue la excepción.

Junto a una pandemia que protagonizó estos últimos tres períodos y que, justificadamente, redireccionó las urgencias, esfuerzos y presupuestos de toda institución, pública y privada a nivel mundial, la Corporación Alta Ley hacía una apuesta estratégica para cumplir su rol (de articulador de un ecosistema de innovación) de la manera más virtuosa y eficiente posible, coordinando una propuesta para el diseño y liderazgo del llamado a ser el Instituto de Tecnologías Limpias de nuestro país. El resultado de ello, sin embargo, fue el de un proceso largo y entrampado, que puso a la Corporación en una situación delicada en su relación con actores fundamentales de nuestro arreglo institucional, y con los que está a llamada a coordinar esfuerzos de manera permanente y cercana.

Asimismo, e independiente de lo que depare el futuro, creo que (re)despertamos fortalecidos. Con relaciones institucionales y personales robustecidas, y basadas en la colaboración y deseo de avanzar por el bien de nuestro sector y sociedad; con un equipo que, de manera orgánica, ha logrado levantar una segunda generación de proyectos que ya se diseña y ejecuta para cubrir brechas que, luego, constituirán capacidades basales de nuestro sector.

No obstante, estamos entusiasmados con lo que resultará de este Consejo y de repotenciar aquel rol de articulador público-privado de las grandes iniciativas estratégicas de la industria (tal como se hiciera en lo que entonces era el Programa Alta Ley de CORFO). Así, hoy volvemos a impulsar una nueva generación de proyectos de la Corporación, la tercera. Una coordinación que se centra en las brechas que como industria hemos transparentado con relación a los desafíos tecnológicos y de innovación para el desarrollo de una minería – cada vez más – sustentable. Ello, con el firme convencimiento de que es nuestra industria minera el sector más maduro y preparado para catalizar muchos de los desafíos que enfrenta nuestra sociedad. Y, por ende, esperamos que este convencimiento se traduzca en convocatoria, participación y financiamiento (público y privado) de los desafíos que nos convocan; para seguir avanzando en nuestras metas de gasto en I+D+i, y así alcanzar la economía del futuro que como país y sociedad buscamos.