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Chile, sus singularidades y una minería de cara al futuro

Por Fernando Lucchini, Presidente Ejecutivo de la Corporación Alta Ley.

Estamos llegando al fin de un año que cambió por completo nuestra normalidad, que nos obligó de golpe a modificar nuestra forma de vivir, de trabajar y de relacionarnos. Nos exigió asumir que somos vulnerables y que necesitamos unos de otros para salir adelante.

Asimismo, este 2020 fue un año en el que la tecnología cobró una importancia única y se transformó en una de las aliadas claves para poder continuar desarrollando nuestras actividades diarias. Y sin ir más lejos, en el caso de la minería nacional, nos permitió dar continuidad a nuestras operaciones, manteniendo los puestos de trabajo, el aporte de la minería a nuestra economía, y otorgando la seguridad sanitaria a todos los trabajadores en este escenario de pandemia.

Durante estos meses se evidenció que la transformación digital y sus herramientas avanzadas tendrán un rol fundamental en la industria minera, pues abren un abanico innumerable de posibilidades de mejoramiento de procesos en aspectos transversales como productividad, costos, sustentabilidad y seguridad, posicionándose como un factor habilitante de la minería del futuro.

Pero los desafíos de la transformación digital no son solo tecnológicos propiamente tal, sino que el desarrollo adecuado del capital humano necesario para ello es también un desafío que enfrentamos en este camino. Las personas son las protagonistas de transformación digital, y tanto las generaciones de trabajadores de hoy como aquellas que vienen, deberemos adquirir constantemente nuevos conocimientos durante el transcurso de los años para ir de la mano de estas transformaciones y sus tecnologías.

Sin embargo, estos meses no sólo han evidenciado desafíos sino también grandes oportunidades. En particular, nuestro país cuenta con dos grandes singularidades de nivel planetario, y la primera de ellas, es digital. Pues nuestro país no sólo contiene el polo minero más importante del mundo, sino que, de la mano de éste, cuenta con los mejores cielos del planeta; cielos que nos permiten observar el universo desde nuestro norte grande y que, junto con ello, nos abastecen de la fuente de datos más grande en existencia: la data astronómica – la que, sólo a modo comparativo, es unas 20 veces más grande que las fuentes de datos constituidas por Google y Facebook junto con el resto de las redes sociales.

Junto con ello, otro de los grandes desafíos y, sin duda, clave para el desarrollo futuro de la industria, es su licencia social y la necesidad de seguir avanzando hacia una minería cada vez más sostenible. Y es aquí donde Chile posee otra singularidad de nivel global: la ventaja de tener la mejor radiación solar en el mundo y el ya mencionado mayor polo minero del planeta, en el mismo lugar, y con abundancia de minerales fundamentales para la generación de energías verdes y la electromovilidad, como el cobre y el litio. Un escenario minero-energético virtuoso, que nos entrega todas las condiciones para apostar no solo por la generación de energías limpias, sino también por un vector energético completamente renovable como lo es el hidrógeno verde –éste, con el potencial de energizar el planeta desde Chile en más del doble de lo que energiza Arabia Saudita hoy con el petróleo.

Por otra parte, y si bien con oportunidades de mejora en aspectos de vinculación con la industria, entre otros, Chile cuenta con capital humano y una formación tanto minera como digital y de energías de clase mundial. Así, con todos estos ingredientes, es el momento de tomar y hacer realidad una oportunidad única de transformar nuestra economía; de posicionar a Chile como el motor habilitante de la economía verde del planeta, y con un encadenamiento productivo tecnológico-digital “aguas arriba”, como aquellos que más valor agregado otorgan a las economías. Y todo esto, con la que históricamente ha sido nuestra principal industria como su traccionante desde la demanda: avanzar hacia una minería verde y minería digital de clase mundial, para habilitar una economía verde e intensiva en conocimientos para nuestra sociedad.

En Alta Ley, como catalizador de este tipo de cambios, comenzamos este año un trabajo profundo en esta línea, que contempla proyectos, entre los que se encuentran un Data Lake y Análisis Avanzado de Datos para la Minería Chilena, y un Centro de Alerta y Respuesta Temprana ante Ciberataques para la Minería Nacional. Los que sin duda apuntan a contribuir a desarrollar elementos fundamentales para esta transformación y acelerar la evolución de la minería digital.

Asimismo, con respecto a la minería sustentable, hemos enfocado nuestros esfuerzos con proyectos que apuntan a la creación de un Sistema Interoperable para la Trazabilidad de Insumos y Emisiones de la Minería, y un Programa para la Valorización de Escoriales Mineros, Minería Secundaria y Economía Circular. De esta manera, buscamos responder a las exigencias que se están levantando cada vez con más fuerza a nivel mundial, que demandan a la minería una serie de estándares de abastecimiento responsable, entre ellos el de una minería trazable y sustentable.

No obstante, todos estos procesos requieren de esfuerzos ecosistémicos, asociativos, con colaboraciones público-privadas, y, por supuesto, de voluntad y recursos para su ejecución. Hoy Chile puede y tiene una gran oportunidad en sus manos. Es ahora cuando podemos dar ese gran salto como país y evolucionar hacia una minería más sostenible, inclusiva, y que se hace cargo de las tendencias del mercado; una minería de cara al futuro y que asume de manera real y responsable sus paradigmas del presente para construir resiliencia, abrir nuevas industrias y más oportunidades de valor para la sociedad, partiendo de éste, un año que nos cambió por completo, con voluntad, determinación y coraje.